Tan solo pomos sueltos entre añicos de madera,
ni cerrajas, ni llaves ya quedan,
ni siquiera una mirilla se tiene entera,
y los felpudos, acongojados, rezan.
Las ventanas se ven desnudas al quedarse sin cristales,
las cortinas que vestían, en el suelo son ceniza,
los sillones del salón desilachados en retales,
y dos siluetas en el suelo dibujadas con tiza.
Que castigo tan cruel para una escena tan sencilla,
tras la cena María olvidó los fogones abiertos,
Juan que fuma en pipa fue a encender una cerilla,
y estos absurdos personajes terminaron muertos.
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