Recuerdo amargas las noches
en las que ni tú podías hacerme sonreír,
En las que las noches
se veían más negras y oscuras,
Era el reino de lo
absurdo, en el que un pequeño despiste
hacía brotar la más profunda de las tristezas.
Éramos jóvenes, y éramos
idiotas,
Dos pequeños niños
jugando a ser mayores,
Capaces de sentir la
más intensa de las pasiones,
Seguida de la más
absurda de las disputas.
Tiempos en los que ni
tú sabías quién eras,
Tiempos en los que tu
ombligo salía en las portadas,
Tan rápido vino aquel
amor,
Se fue de la forma
más cobarde,
Aquel amor que
siempre vuelve,
Ese que nunca
acabaste de comprender.
Éramos jóvenes, y
éramos idiotas,
Dos idiotas que aun
siendo mayores,
Seguimos jugando al
escondite,
Ese juego en el que
nunca se gana.
Recuerdos que aún
siguen en mente,
Recuerdos que se
convierten en ceniza,
Tal vez como el fénix,
algún día vuelva,
Como la lluvia, que
siempre vuelve.
Pero ya no volverá a
ser lo mismo,
Quizá se esté mejor
sin tanta lluvia,
Viviendo como un
cactus en el desierto,
Sí, solitario, pero
tranquilo.
Enrique Endolz
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