Cuando me abrazaba, le sobraban los brazos;
Cuando me besaba, lo hacía sin labios;
Nunca lloraba en las despedidas,
ni sonreía cuando me veía tras varios días.
Le encantaba conjugar verbos,
aunque siempre en primera persona.
Se sentía sola entre el gentío,
y acompañada, con un boli y un folio.
Casi siempre me hablaba sin palabras;
Si se reía, se reía en silencio;
No tenía oídos para mis historias,
y si caminábamos juntos, no lo hacía conmigo.
Quizá el mañana tenga que esperar siempre,
como quien espera al verano en septiembre;
No es bueno olvidarte del ahora y pensar en el luego,
y menos pasando frío tan cerca del fuego.