Toda esa mierda vibraba en mis oídos,
como el eco en un viejo anfiteatro,
antes aplausos, ahora solo ruidos,
ruidos de los que ya no queda rastro.
Mis pies caminaban rectos por un sendero de piedra,
veía pasar la vida, como quien ve pasar un tren,
mis pensamientos se enredaban como si fuesen yedra,
yedra que solo trae miedo, olvido y desorden.
Miraba hacia dentro y no podía ver más allá de tus labios,
no recordaba cuando el valor pasó a ser desaliento,
ni recordaba las palabras, ellas se fueron con los pájaros,
como tú, que fuiste pájaro desde ese momento.