No
podía dejar de mirarla, sabía que en un momento estaría en mi cama pensando en
la tarde que había pasado junto a ella. Me daba rabia pensar que enseguida toda
esa magia se convertiría en simples recuerdos, no quería ni imaginármelo. Solo
la miraba y sonreía, deseaba que ese momento no se acabara nunca. Pero como
todo en esta vida las cosas siempre tienen un final. Y sin pena ni gloria me
desperté la mañana del miércoles con una extraña sensación de tristeza que me
calaba hasta en los huesos. No podía dejar de pensar en ella. Cogí la almohada
y me tapé la cara, deseé con todas mis
fuerzas que algún día pudiera despertarme junto a ella.
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